Utópicos, hipócritas e igualdad de género

jueves, enero 07, 2016

En 1994 unos investigadores estadounidenses realizaron un experimento donde se demostraba que las mujeres, por lo general, somos evaluadas de manera más favorable que los hombres. A esto lo denominaron el efecto "Las mujeres son maravillosas". Cabe especificar que los mencionados científicos eran un hombre y dos mujeres.

"¡Chicos! ¡Ugh!"
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el 30% del total mundial de mujeres sufre violencia de pareja. La violencia machista, como es de esperar, está concentrada a grandes rasgos en países africanos y del sudeste de Asia, percibiendo una notable brecha entre los denominados 'países ricos' y 'países pobres'. Actualmente, los estados del Primer Mundo han desplegado un arsenal de recursos para combatir la discriminación contra las mujeres.

Desde la Declaración de la ONU –aprobada en diciembre de 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas– sobre Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el término "violencia de género" es acuñado para referirse exclusivamente a aquellos actos donde la violencia ejercida va contra alguien del sexo femenino. En España, la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, dice así: "La violencia de género [...] se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo".

Cientos y cientos de organismos y leyes que se van sumando en la lucha feminista, en la lucha por la 'igualdad'. Pero yo me pregunto: ¿qué es la igualdad? En términos legislativos es el principio que reconoce que todos los ciudadanos hemos de poseer los mismos derechos. El Artículo 7 de los Derechos Humanos recoge claramente este punto: "Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a la igual protección de la ley". En tal caso, ¿por qué realizamos diferencias entre géneros?, de existir leyes que cubrieran sólo las necesidades de determinadas razas, ¿no sería racismo?

En psicología social, se denomina 'sesgo del endogrupo' a un patrón conductual donde se favorece a los miembros del grupo interno (endogrupo) y se rechaza a los del externo (exogrupo). En la lucha por la igualdad de género, puede apreciarse cada vez más esta pauta, entendiendo como endogrupo a las mujeres y exogrupo a los hombres. La 'misandria', es decir, el odio y aversión a los hombres por ser hombres, es un neologismo que va cogiendo fuerza.


En Argentina, el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) diferencia en su Artículo 6 varias modalidades de violencia de género, entre las que me gustaría resaltar la llamada "violencia mediática contra las mujeres". Si en su lugar habláramos de "violencia mediática contra los hombres", podríamos denunciar a la mayoría de medios informativos, donde el tratamiento de la violencia machista se utiliza de forma sensacionalista. Un amarillismo que nutre una visión colectiva de las mujeres –en términos absolutos, en lugar de individuales– como víctimas endiosadas y de los hombres como maltratadores endiablados. Ni todas las mujeres somos bondadosas, ni todos los hombres son asesinos. Para colmo, rebajar al colectivo femenino en su totalidad a potenciales víctimas por nuestra condición de mujeres, es asumir que somos incapaces de ejercer la defensa personal precisamente por dicha condición. Fomentar esta percepción maniqueista únicamente consigue acrecentar la brecha que nos separa, ¿acaso esto es igualdad?

Cuando se habla de discriminación, se tiende a pasar por alto la discriminación positiva. En el asunto a tratar, las mujeres en Occidente cuentan con muchísimas más ventajas legislativas que los hombres. En España, por ejemplo, la pensión de jubilación para los hombres está en los 65 años, mientras que para las mujeres a partir de los 60; una ironía teniendo en cuenta que en el país la esperanza de vida masculina ronda los 80 años y la femenina los 85. Asimismo, en este punto entrarían las polémicas cuotas que implantan empresas y partidos políticos, donde se premia a la mujer por ser mujer y no al individuo por su capacidad y talento; sinceramente, prefiero ser valorada por mi trabajo, que por los órganos reproductores con los que nací. El Instituto Nacional de Estadística también aporta datos interesantes, como la resolución de custodia de los hijos en caso de divorcio: en 2014, el 73'1% de las sentencias fueron favorables para la madre, el 21'1% optó por la custodia compartida y tan solo el 5'3% de los padres pudo gozar de la custodia absoluta de sus hijos.

"Bueno, eso es bastante sexista, ¿no?"
Sin embargo, el tema más escalofriante es el de la violencia doméstica ejercida contra los hombres –dado que si hablo de 'violencia de género' sólo atañe a mujeres–. A falta de estudios sobre el tema, no hay suficientes datos para demostrar si la violencia dentro de las relaciones de pareja es un dilema multidireccional. Esta escasez de información refleja la apatía ante los casos de violencia hembrista, o de violencia entre parejas homosexuales. Cientos de centros de atención a mujeres víctimas de violencia doméstica, rechazan a hombres víctimas del mismo tipo de agresión, debido a su naturaleza biológica. En partes del norte de Europa, como Países Bajos o Alemania, están comenzando a aparecer los primeros centros de atención para hombres maltratados. A la par, el creciente número de falsas denuncias por parte de mujeres es un dilema muy serio, donde ciertas personas se aprovechan de sus ventajas legislativas para condenar a ciudadanos inocentes (al tiempo que se desestima la legitimidad de las denuncias reales de violencia machista, contra la que hemos de seguir luchando).


Este incremento paulatino del desamparo que sufren los varones es resultado y reflejo de un mundo caracterizado por dos afluentes contradictorios: la mitad del planeta anula a la mujer por ser mujer, y la otra mitad pretende anular al hombre por ser hombre. El mismo mundo que asegura luchar en pos de la igualdad. Ante semejante panorama no puedo evitar alzar la voz y negar que las mujeres seamos maravillosas, del mismo modo que los hombres tampoco lo son. Aun así, a veces surgen personas excepcionales entre la hipocresía y nulidad de la masa, personas dispuestas a sacrificarse por un futuro donde impere el igualitarismo, sea o no una utopía.

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