La muerte del tiempo, el concepto de dios y el sentido de la existencia

miércoles, enero 27, 2016


Desde que era muy pequeña, más de lo que debiera, he reflexionado mucho sobre la muerte. Morir me aterra. Perdón, rectifico: La inexistencia me aterra. Plantear una realidad en que, tras la vida, tras mi última respiración, mi último pestañeo y mi último latido, desaparezca. No es quedarse en la eterna nada, no, es dejar de ser. Que yo, mi consciencia, se borre para siempre, sin poder hacer nada al respecto. Algunos estaréis pensando ahora mismo que por qué me preocupo, si no sentiré nada, no me daré cuenta. Bueno, esa no es la cuestión.

He sido criada, como muchos españoles, en una familia de tradición católica, apostólica y románica. Mis padres tienen una sólida fe, que aunque no comparta, admiro. Jamás han tratado de imponerme sus creencias, a pesar de que sientan que han fracasado a la hora de inculcármelas. Lo que sí han logrado transmitirme es el respeto, por medio del ejemplo que han sido respetándome ellos a mí. Por si os lo preguntáis, no soy atea, soy agnóstica.

Cabe matizar que no soy agnóstica por apatía. Como he dicho, siempre me ha interesado la muerte y he vivido rodeada de personas que creen en dios. Me es imposible mostrarme indiferente ante estos temas. Pero me considero agnóstica porque, precisamente por obsesionarme tanto, por querer encontrar un sentido a todo, cada vez comprendo menos cosas. El agnosticismo se basa en contemplar el mundo desde una posición en que asumes que jamás podrás tener la certeza de qué es y cómo funciona la realidad; básicamente por la magnificencia del universo y nuestra diminuta capacidad. En mi opinión, reconocer que nadie posee la verdad absoluta, es la postura más humilde que puede haber. No niego la existencia de un ser superior, pero tampoco la afirmo. No sé si cuando muera desapareceré, pero tampoco deja de angustiarme la posibilidad.


De niña (y ahora de adulta) siempre me hice incontables preguntas. En el terreno religioso muchos me decían que si dejaba de cuestionar todo y abrazaba ciegamente la fe, pronto llegarían a mí las respuestas. Esto no lo consideré válido en su momento, y sigue sin parecerme una forma sana de afrontar las cosas. Creo que toda construcción personal, todo valor que asimilamos, ha de ser desde el entendimiento y la reflexión, no a través del desconocimiento. Para muchos religiosos, preguntarse y querer saber es sinónimo de petulancia, tratar de compararse con dios por el hecho de intentar comprender lo incomprensible. Mis padres, afortunadamente, a pesar de ser personas fervientemente católicas, también son personas cultas y versadas. Llegaron a su fe por medio del estudio y no por la aceptación ciega de lo que les inculcó el contexto tradicionalista y cultural en que nacieron.

En su vertiente opuesta, está la ciencia.
La ciencia se estructura y fundamenta sobre hechos. Reinterpretrar una y otra vez las cosas, admitir que de base estamos equivocados para poder sumergirnos en una búsqueda eterna del saber y la perfección. Sin embargo, dada nuestra limitación y pequeñez, aunque hayamos avanzado tanto tecnológicamente, cuando se trata de temas existencialistas la ciencia sigue igual de desnuda. A día de hoy no hay forma empírica de saber si existe o no un ser divino, tampoco de saber qué hay tras la muerte. Por ello ponemos tanto empeño en evitarla.


Morimos porque nuestras células dejan de producir trifosfato de adenosina, la sustancia que necesitan todas las células para funcionar. Morir es una enfermedad. Así, tantos investigadores se esfuerzan por encontrar el modo de regenerarnos eternamente. La inmortalidad. Curar la muerte natural, pudiendo vivir en una juventud infinita, en la cual nuestro organismo permanezca en un proceso de reconstrucción constante. Este futuro traería numerosos problemas, no sólo por cuestiones tan obvias como la superpoblación, sino también porque rompería con el sentido mismo de la existencia. Nuestra función primordial, como seres vivos que somos, es nacer, reproducirnos y morir, con la finalidad de perfeccionar la raza. Mezclar y remezclar una, y otra, y otra vez nuestro ADN hasta que llegue un punto en que seamos genéticamente perfectos. Es el principio darwiniano de adaptación del medio, que nuestra sociedad se ha cargado por completo. La medicina moderna, la altísima esperanza de vida, el derecho de todo ser humano a la vida... todo esto ha acabado con la ley natural que dicta que sobrevive el más fuerte, el más apto para las condiciones medioambientales que nos rodean. Los alimentos que ingerimos tienen tantos conservantes, que nuestro cuerpo, una vez inerte, tarda demasiado tiempo en descomponerse. Sin embargo, yo no quería escribir sobre el sentido de la vida, más bien lo que me interesa es el sentido de la muerte.

Dependiendo de a quién preguntéis os dirá que la muerte significa una cosa u otra. Los seres humanos, dada nuestra capacidad de raciocinio, interpretamos el mundo de forma finalista. Todo lo que nos rodea necesita tener un sentido, un motivo. En caso de que exista un ente superior (o varios), yo no lo concebiría como un ser divino, sobrenatural. Afirmar que dios existe es afirmar que dios es real, si algo es real es natural, si algo es natural está condicionado por las limitaciones mismas de la naturaleza. En caso de existir un ente superior a nosotros, racional y regidor de nuestro mundo, este estaría ligado a las condiciones de su propio mundo, del plano de existencia en que se moviera. Con esto no quiero desestimar la fe ni las creencias de cada cual, sólo aportar una visión personal.


La Teoría de Cuerdas surge de la unión de dos teorías en su esencia desvinculadas: por un lado la teoría de Einstein de la relatividad general, que se aplica a los aspectos más grandes de nuestro universo, como el cosmos, las estrellas, los planetas; y por otro lado la Mecánica Cuántica, aplicada a las partes más pequeñas, las partículas subatómicas. La Teoría de Cuerdas trata de aunar estas dos teorías que son en un principio independientes (cada una funciona en su campo, pero no en el otro), en una sola estable. No voy a explicar conceptos físicos ni metafísicos, porque no soy ninguna versada en el tema, quien esté interesado tiene Google para eso.
La Teoría de Cuerdas evoluciona en otra más novedosa conocida como Teoría M. La Teoría M expone que nuestro universo, nuestra realidad tal y como la conocemos, está compuesta por 11 dimensiones, que serían, muy resumidas: 3 espaciales (alto, ancho y profundidad, de ahí viene el llamado "3D"), 1 temporal y 7 aún por descubrir.
Volviendo al tema de dios y adentrándome en el de la muerte; en caso de existir estas siete teóricas dimensiones desconocidas (las cuales podrían desmembrarse en infinitos planos de realidad, pero tampoco voy a ponerme ahora a detallar más, que entonces ya os aburro del todo), las posibilidades de cómo funcionen o qué reglas se apliquen dentro de ellas, son infinitas.  Aquí entran los llamados "universos paralelos".

Si alguien ha soportado tragarse el párrafo anterior, explicar que no estoy pisando terrenos de ciencia ficción. Toda teoría científica es en su concepción un imaginario, ideas frágiles y volubles, algunas incluso improbables. Si bien, las teorías no son más que eso, conceptos teóricos, supuestos; una vez planteadas el siguiente paso que se da es intentar demostrar su fiabilidad. Parte de lo mencionado arriba está aún por contrastar y los campos en que lo aplico no tienen mucho que ver. Quiero que quede claro que simplemente utilizo dichos conceptos para reflexionar y expresar ideas personales, desvaríos varios, opiniones propias.


Nuestro universo, pues, cuenta con una dimensión temporal.
Por muchísimas vueltas que haya dado, hasta este punto es al que quería llegar con la inmensa entrada que estoy gestando. El tiempo es relativo. El concepto de tiempo, del modo en que lo conocemos, se mueve en un sentido linea que avanza hacia adelante (del "pasado" al "futuro"). Esto es así dadas nuestras limitaciones físicas. Lo percibimos de este modo, no es que sea de este modo. Percepción. Sé que para quien nunca se haya interesado por estos campos, dicha idea es bastante ridícula y cuesta mucho asimilarla. "¿Cómo que el tiempo no existe? Yo envejezco, recuerdo lo que pasó ayer y no sé qué pasará mañana, ergo el tiempo es real". Repito, esto se debe a nuestra percepción física.
Para explicarlo pondré un ejemplo totalmente diferente: los perros, como la mayoría sabrá, ven menos colores que los humanos. Esto es así porque poseen receptores de luz azul y luz verde. Los humanos tenemos receptores de luz azul, verde y roja, creando combinaciones de colores que para los perros son inimaginables. Si los perros hablaran, explicarles que existe el rojo resultaría muy complicado, porque no lo ven, pero eso no quiere decir que no exista empíricamente. Estamos limitados por nuestras condiciones físicas, la realidad la interpretamos y procesamos en base a estas limitaciones. Al decir que el tiempo es una percepción, desestructuramos dicha limitación corporal.

Finalmente, mi conclusión.
No sé si al morir dejamos o no de existir, pero afirmo que todos morimos. Desde mi punto de vista, al morir nuestro cuerpo, muere nuestra limitación física, y por tanto, muere el tiempo. Tal vez sí exista una vida tras la muerte: el último instante de consciencia que registramos, ese espacio temporal que se libera y extiende en una percepción de eternidad, de infinidad absoluta. Al morir se producen incontables reacciones químicas en nuestro sistema; nuestro cerebro crea sensaciones y sentimientos de calma, éxtasis y felicidad absoluta. Por lo que, si juntamos la relatividad temporal que se desata al caer nuestra barrera física, y lo sumamos a estos procesos que creamos justo antes de morir, podría hablarse hipotéticamente de un cielo tras la muerte.

No sé si existe un dios, no sé si existe la vida post mortem, no sé cuál es el sentido de nuestra existencia. Por saber, no sé si existís vosotros, ni si existo yo. Tal vez no sea más que una idea, flotando en el sueño de una niña que tiene miedo a morir, porque le gusta demasiado ser.





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3 comentarios

  1. Por favor, no utilices la ciencia que desconoces para hacer creíble un razonamiento anti-científico, idealista y metafísico. Creo que no es algo justo con la ciencia y los científicos. Piensa primero si entiendes la teoría de la relatividad (si la has estudiado en profundidad, más allá de ver un documental en la tele) o la teoría de cuerdas, que ni siquiera está contrastada experimentalmente, y no las utilices, descontextualices y malinterpretes.

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    1. Antes que nada siento si he malinterpretado algo. Como digo arriba no soy ninguna versada, sólo una persona que desde el interés del curioso trata de esbozar su visión personal del mundo. Mi intención con esta entrada no es instruir, ni mucho menos, sino plasmar en algún lado la amalgama de pensamientos que entrechocan en mi cabeza. Hacer un repaso superficial a conceptos e ideas que me llaman la atención, e hilarlos en un todo que comprendo que resulte inconexo y descontextualizado. Obviamente estaré encantada de escuchar cualquier explicación profundizada de boca de un experto, y si hay algún término o tema que haya tratado de forma errónea también querré saberlo para poder rectificar en un futuro. Muchas gracias por el comentario, si lo deseas puedes escribirme un mensaje más detallado al formulario de contacto que encontrarás aquí: http://soyresilient.blogspot.com.es/p/contacto.html

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